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29.11.04

¿Otro ladrillo en el muro?

Según cuenta esta noticia, los niños que hicieron el coro en la canción de Pink Floyd Another Brick In The Wall han presentado una demanda para cobrar su parte en los derechos de autor generados por esa canción.

Lo que parece, según esta otra noticia, es que la cantidad no se le reclama ni a Pink Floyd ni a la discográfica, sino a una entidad de gestión de derechos de autor. La escuela recibió en su momento mil libras esterlinas y un disco de platino.

27.11.04

Creative Commons: un proyecto internacional

Coincidiendo con la presentación el pasado viernes 18 de la versión francesa de las licencias Creative Commons, se presentó también la obra colectiva International Commons at the Digital Age. La création en partage, que vende la editorial parisina Romillat.

El libro se ofrece bajo una licencia Creative Commons (archivo pdf) y tiene con artículos que relatan lo que ha sido la internacionalización del proyecto Creative Commons.

21.11.04

Y la ciudadanía, ¿no cuenta?

Gracias a una noticia de República Internet, me entero de dos interesantes artículos de la bitácora de José Cervera.

El reino del terror muestra cómo al hacer de la «propiedad intelectual» un fín en sí mismo y no una protección de la creatividad y la innovación técnica, permitimos un uso torticero de las leyes, porque esas regulaciones no están diseñadas para controlar ni el mercado, ni la cultura, ni la creatividad, ni la innovación.

Dos años y siete días: la primera, en la frente plantea de que la directiva europea 2001/29 ya tiene retraso en su trasposición en las legislación española. La directiva pretende la «armonía legal» entre Estados Unidos y la UE (como viene siendo habitual en la «propiedad intelectual», la UE siempre entiende entiende la «armonía» del modo más restrictivo). Y el Ministerio de Cultura deja siete días para que las asociaciones de usuarios den su opinión sobre el borrador de la futura Ley de Propiedad Intelectual. Después de un retraso de dos años, es alentador que quieran dejar sólo siete días para que los ciudadanos expongan sus objeciones.

La conclusión es clara: si las leyes tenemos que cumplirlas, tienen que ser justas, o al menos no abusivas. Y cada vez es más necesario que todos nos impliquemos en el proceso de regulación de la creatividad y la innovación. Porque todos disfrutamos de los beneficios de esa regulación y todos perdemos con sus abusos.

20.11.04

Una muestra de conciencia cívica

Por desgracia, la mayoría de noticias que aparecen en esta bitácora manifiestan que el equilibrio que debe regir en la regulación de la «propiedad intelectual» no existe. Ahora, cada vez existen iniciativas que persiguen reestablecer ese equilbrio, que no es otra cosa que establecer las condiciones para un mercado auténticamente libre.

Dos de estas organizaciones son IP Justice y IPac, ambas tienen unos principios que expresan el equilibrio que protege creatividad, innovación, cultura y desarrollo tecnológico. Creo que es muy interesante leerlos y firmarlos.

Las posiblidades del nuevo orden legal

Con las nuevas reformas legales (no en España, también están debatiendo medidas similares en Estados Unidos), que convierten las infracciones de los derechos de autor en delitos que no necesitan denuncia de la parte afectada para que se persigan judicialmente, se plantea un horizonte de abuso de poder que va más allá de lo que la ley pretende proteger. En cierta medida parece que se trata de delitos políticos aplicados al campo económico (establecidos para proteger el propio régimen de mercado).

Pero quizá el problema fundamental de este tipo de legislación, que no entiende ni la informática ni sus posibilidades se puede ver en el ejemplo siguiente: imaginemos que me dedico a usar redes de intercambio de archivos para descargar exclusivamente obras que sus autores (y los titulares de los derechos) permiten la descarga gratuita para usos no comerciales.

Supongamos que gracias a un registro domiciliario, los agentes del orden descubren que tengo archivos copiados en CDs o DVDs de los que no tengo los originales (como declaran aquí). Yo no soy jurista, pero es posible que puedan requisarme el ordenador y que me quede sin él hasta que la autoridad judicial decida devolvérmelo.

Es posible que para que esto ocurra hay que entender el famoso «ánimo de lucro» pueda estar constituido por el ánimo de ahorro, esto es, que la descarga pretenda evitar una compra. Supongo que esto será una garantía que impedirá conseguir una orden de registro sin motivo suficiente. Pero lo que yo no tengo tan claro es cómo se puede asegurar la integridad de los datos, eso es, que no entre ni salga nada en el ordenador. Al parecer, en Francia es obligatorio que los registros se hagan en presencia de los acusados. Desde luego, creo que habría que garantizar algo similar en el caso de los delitos de «piratería». El precinto me temo que no basta.

Esta reflexión no es conclusiva, sólo quiere apuntar a un poder excesivo que se presta a abusos. Por cierto, si alguien tiene dudasclaro, no uso redes p2p :). El motivo no es otro que no tengo conexión permanente a internet desde el portátil.

18.11.04

El fallo del actual sistema de derechos de autor

La profesora de derecho de la Wayne State University, Jessica Litman, ha afirmado en una entrevista lo que a mi juicio constituye todo el debate actual acerca de los derechos de autor:

It's one of those areas in which the statutes are effectively negotiated by the affected parties [...] What's happening now is that we're trying to apply this law to a couple hundred million consumers, and it doesn't make any sense to them, but when consumers try to get involved in the copyright law making process, they're not being welcome.

El asunto es claro: los «consumidores» son también parte afectada y la regulación actual (y la futura) no tiene ningún sentido en absoluto. Se trata de un mercado y no conviene olvidar que los «consumidores» son ante todo propietarios.

17.11.04

Intercambiando archivos de amigo a amigo

A los de Downhill Battle se les ha ocurrido montar un concurso para incorporar una extensión para compartir archivos con la lista de amigos del Gaim. Gaim es en el programa de mensajería instantánea que acepta varios protocolos, entre ellos el AIM, ICQ, MSN Messenger, IRC y Jabber.

A los obsesionados con la «piratería», supongo que este sería un buen caso para la futura Induce Act (con la consiguiente «armonización legal» en forma de directiva europea). Lo importante de esa posibilidad de un f2f (friend-to-friend en vez del peer-to-peer) es poder compartir con los amigos, los que están en la lista de la mensajería instantánea, archivos que no tendrían otra distribución mejor. Como vídeos de las vacaciones, fotos personales, nuestra propia música, escritos... todo lo que puede crear con la tecnología.

Cada vez se ve más claro que el sistema de derechos de autor es sólo una protección útil para una pequeña proporción de las obras creadas y publicadas. Por mucho de que sea la opción legal por defecto.

13.11.04

Un DVD desechable ¿para cine desechable?

Una empresa estadounidense (Convex Group) comercializa un tipo especial de DVD, que una vez abierto sólo puede verse durante 48 horas (sin abrir dura un año). La técnica de fabricación de los discos DVD, de nombre comercial Flexplay, puede ser una gran solución para el alquiler de películas y el engorro de la devolución. Aunque cobrar cinco euros por un alquiler, como pretende Amazon, es más que caro. A mí me parece caro pagar la mitad por alquilar un dvd, que supongo que es lo que pagará la mayoría.

Particularmente creo que la mayoría del cine que se distribuye comercialmente (y el que no están en las estanterías es como si no existiese) es de calidad bastante baja (seré muy exigente, pero lo único que pido son historias bien contadas). Sea como sea, el paso del vídeo al DVD ha abaratado los costes de producción y el precio de las películas no parece haber bajado. Desde luego, si quieren que las compremos, más de diez euros por una película es demasiado. Y ésas para las que no tienen fecha de caducidad.

8.11.04

La supuesta independencia tecnológica de algunos

En un dominical de ayer, leo en una breve entrevista que el Woody Allen, reconocido director de cine y actor, reconoce que nunca ha navegado por internet, ni sabe enviar no enviar correos electrónicos, ni ha visto nunca películas en internet. Al parecer, es porque la tecnología le supera.

El señor Allen me dobla claramente la edad y quizá sería interesante saber si tiene móvil (que en el fondo es llevar un teléfono siempre). Ahora, la tecnología se parece a lo que Smith llamaba en una famosa película «el sonido de lo inevitable».

Woody Allen se puede permitir no enfrentarse a la tecnología porque pagará a alguien (su asistente personal) para que lo haga por él. Quizá el resto no nos podamos permitir esas incapacidades y tengamos que enfrentarnos (gustosamente algunos) a la tecnología cara a cara.


2.11.04

Un nuevo orden legal

Leo las declaraciones de un miembro de las fuerzas del orden público en un reportaje acerca de la persecución de los nuevos delitos informáticos.

«Grabar un cedé original como copia privada para oír música en el coche es legal. Pero si un usuario posee la discografía completa de los Beatles y carece del disco original, de algún sitio tuvo que sacarlo. Así que podremos requisarle el ordenador», afirma un agente, quien asegura que los ciudadanos están alarmados injustificadamente con la nueva normativa. Un mando policial lo corrobora: «A la Guardia Civil no le preocupa tanto el usuario que descarga ilegalmente películas y música en MP3 en su casa como quien divulga pornografía infantil por la red, hackea equipos o estafa. Esos suponen el 90% de los delitos que investigamos», afirma un mando policial.

El agente tiene razón, la alarma con la nueva normativa es injustificada, lo realmente alarmante es que quienes perseguirán los delitos tengan una comprensión tan particular de la nueva normativa.

La copia privada, que nos cuesta a todos los españoles al menos veinte céntimos de euro por cd virgen (y cantidad equivalente por dvd), no exige la posesión del original. Además, cada vez más grupos autorizan la descarga gratuita de música por internet, como modo de darse a conocer a un público más amplio y así aumentar sus ventas. La descarga de obras sin la autorización por sus titulares es delito penal sólo si se realiza «con ánimo de lucro y perjucicio de tercero».

Cuando los límites de la ley (y no de derechos de autor, sino de la ley penal, ésa que deja antecedentes), no sólo son excesivos, sino que su aplicación parece violar en algunos casos la presunción de inocencia, es inevitable que el respeto por la ley y sus agentes disminuya. Si las leyes están para algo, es para cumplirlas, y para eso es necesario que ni sean abusivas ni se apliquen de modo arbitrario.

La historia es maestra (pero seguimos sin aprender)

Leyendo el libro de Florent Latrive Du bon usage de la piraterie me he dado cuenta de en las acusaciones contra la «piratería», la historia se repite.

Los editores de partituras de canciones acusaron a los primeros inventores de pianolas y a los vendedores de discos de descenso en las ventas de partituras, los vendedores de discos vieron en la radio un competidor desleal que les ocasionaba pérdidas y de nuevo las discográficas pensaron que la grabación casera de cintas mataba la música.

La historia nos ha enseñado que los agoreros estaban equivocados. Ahora la industria del espectáculo tiene en internet a su mayor enemigo declarado. Bien, puede que se trate de que «esta vez es distinto», pero cada caso siempre es por definición diferente del anterior.

La historia nos enseña también que el negocio de la música crece con los cambios tecnológicos. Pensemos en el sustancioso negocio de vender derechos de canciones como melodías para teléfonos móviles. Internet no es distinto, pero el volumen de ventas sólo aumenta si el negocio se pone del lado de la tecnología presuntamente «pirata».