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8.12.06

La muerte no es algo irremediable

Lawrence Lessig tiene una entrada muy interesante en su bitácora sobre la ampliación de la duración de la protección de derechos de autor para obras que ya gozan de derechos de autor. Sus reflexiones han de entenderse dentro del marco de una posible ampliación en el Reino Unido de las grabaciones sonoras de los cincuenta años después de su publicación a noventa y cinco que gozan en Estados Unidos (dejo para otra ocasión lo que se pasa por alto en esta igualación, que está ya preparándose en la UE, todo ello en nombre de la omnipotente «armonización legal»).

Curiosamente, o no tanto, quienes hacen más presión no son para obras que gozarán de nueva protección, sino para cambiar la protección en obras existentes. Si la protección es un incentivo para la creatividad, el argumento principal contra la ampliación retrosprectiva es que no existe incentivo para la creatividad pasada, sino sólo para la futura (y presente, si apuramos mucho).

Pero quizá estemos equivocados, porque como cuenta Lessig, parece que de una lista de cuatro mil músicos que apoyan con su firma la ampliación a casi el doble de la protección actual para grabaciones sonoras, algunos están muertos. En materia de derechos de autor quizá estemos entrando (si es que no hemos entrado ya) en el terreno de lo paranormal, donde hasta los muertos dan su apoyo.

Entonces, ¿de qué nos extrañamos de que los músicos, bueno sólo los que quieren que se extienda la protección a sus grabaciones sonoras, parezcan ser la única voz autorizada para discutir (quiero decir, apoyar incondicionalmente) una ampliación del plazo de protección de derechos de autor? Recordemos que los intérpretes y ejectuantes no son ni siquiera autores. Y si los muertos muestran su apoyo con firmas, ¿cómo podemos dudar de que la ampliación retrospectiva de la protección de grabaciones sonoras no va a constituir un gran incentivo para la creatividad pasada?